Durante mucho tiempo estuve parada.
Parada por dentro y por fuera.
La depresión, el miedo, el cansancio mental y el dolor físico hacen que el cuerpo se vaya apagando poco a poco. No porque no quiera moverse, sino porque no puede más.
Ahora que estoy volviendo a caminar, a salir al sol, a moverme despacio, entiendo algo importante: el cuerpo no necesita castigo, necesita cariño.
Moverse no es hacer grandes entrenamientos.
Moverse es levantarte, respirar, caminar un poco, estirar suave, escuchar cuándo parar y cuándo seguir.
Si tienes una hernia, si llevas tiempo sin hacer ejercicio, si tu cuerpo te duele… no te compares. Empieza donde estás. Diez minutos hoy ya es un logro.
El movimiento suave:
alivia la rigidez
mejora la circulación
despeja la mente
y te devuelve poco a poco la confianza en ti
No corras. No fuerces.
El cuerpo recuerda. Solo hay que tratarlo bien.
Moverte también es cuidarte.
Y cuidarte no es debilidad, es fuerza.


